12/10/2018 - Un nuevo 12 de Octubre en que España celebra su Fiesta Nacional con un desfile militar. Para cualquier espectador o asistente, que el principal acto popular de la Fiesta Nacional sea protagonizado por las Fuerzas Armadas debería significar el aprecio de España por los hombres y mujeres que dedican su vida a la milicia. Literalmente. Hace apenas dos días falleció un comandante en acto de servicio por heridas ocasionadas en un ejercicio con fuego real –a cuya familia expresamos nuestras condolencias-. Unos profesionales a quienes se acude en la desgracia, en ocasiones cuando no hay nadie más a quien acudir, y que dedican sus esfuerzos a combatir los efectos de las catástrofes de cualquier tipo: el pasado invierno socorriendo conductores atrapados por la nieve en las autopistas, combatiendo incendios o quitando el barro o los escombros tras terremotos o inundaciones, sea en Lorca o en Mallorca. Todo ello cuando no se encuentran cumpliendo con una arriesgada tarea en lejanas y ásperas Zonas de Operaciones, para garantizar la paz y la seguridad.

Llega el 12 de octubre y todo son parabienes, buenas palabras que se quedan en eso, en palabras: “Sois los mejores”, “Lo mejor de los ejércitos es la calidad de su personal”, “Siempre estáis ahí”… El problema de las palabras que se quedan en palabras es que se convierten en palabras huecas, en palabrería fácil y engañosa.

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