Fuente: Flickr Ejército Tierra Fuente: Flickr Ejército Tierra

Boicot al suboficial

El Ministerio de Defensa se desentiende de sus suboficiales. Este es el triste resumen de la situación soportada por la categoría militar que la Ley 39/2007, de 19 de noviembre, de la carrera militar, denomina “el eslabón fundamental para la organización militar”. Dicha ley contempla en su prólogo la necesidad de “potenciar el papel de los suboficiales”. En un justo quid pro quo esta potenciación debería venir acompañada del justo reconocimiento a la formación, a la experiencia y al desempeño profesional de los suboficiales. Nada más lejos de la realidad. Esto se traduce en que a un suboficial que ha cursado 3 años de academia se le exigen otros 5 para ser oficial, como a un civil que acaba de poner un pie en la milicia. Como si comenzara de cero.

La ley de la carrera militar fue modificada por la Ley 46/2015, que entre otras daba una nueva redacción al art. 62 en el sentido de impulsar y facilitar los procesos de promoción. Daba respuesta a una máxima de la gestión de recursos humanos. Los miembros del equipo de trabajo, el personal, son el recurso más preciado de cualquier negocio o de cualquier institución, porque de ellos depende el buen funcionamiento de la organización. Como siempre, hay una excepción que confirma la regla, y parece estar en el Ministerio de Defensa y en los Cuarteles Generales de los ejércitos.

En la actualidad el Ministerio ha iniciado la tramitación de dos proyectos de reales decretos sobre ordenación de la enseñanza militar y sobre ingreso y promoción cuyo objetivo parece ser impedir el progreso del suboficial. Con el suboficial se está incumpliendo la ley, así de claro. En su Memoria informe correspondiente a 2017, el Observatorio de la Vida Militar utilizaba un eufemismo para describir la situación: “El sistema de enseñanza de la Ley 39/2007 […] no favorece la promoción interna del suboficial a oficial”, cuando debería haberse ajustado a la realidad para afirmar sin tapujos que la dificulta en grado sumo; vamos, que casi la ha eliminado. Para mayor abundamiento, la Comisión de Defensa del Congreso, en su dictamen de 21 de febrero de 2018 dedica sus puntos 27 y 29 a instar al gobierno a mejorar y a regular la promoción profesional de los militares. Han caído, informe y dictamen, en saco roto.

Pese a los avisos del Observatorio y de la Comisión de Defensa, los proyectos del Ministerio ponen la puntilla a la promoción del suboficial, obviando el mandato del legislativo con la Ley 46/2015. No hay voluntad en que la formación y el trabajo profesional del suboficial tengan un reconocimiento académico y social, ni que pueda promocionar. Sensu contrario, si se quisiera que la formación que recibe el suboficial (3 años de academia para obtener el primer empleo, más el curso de ascenso a brigada, más cursos de especialización, más cursos de idiomas…) tendría una convalidación que ahora se le niega. Su experiencia se valoraría como un factor positivo de cara a la promoción interna, como estipula el tan mencionado Plan Bolonia. Y no se exigirían límites de edad fuera de la lógica, imposibles de cumplir en una escala tan envejecida como la actual de suboficiales, ni tampoco pasar con más de treinta años unas pruebas físicas para las que le exigen marcas como si tuviera dieciocho años. Es decir, lo que vulgarmente se dice poner palos a las ruedas.

En el siglo XIX los ejércitos funcionaban como ascensores sociales, y desarrollaban un papel importante en la alfabetización de la población (también en el siglo XX). Parte de la tropa adquiría una formación y una cultura que le permitía progresar socialmente, y se integraba en la oficialidad llegando algunos al generalato. Paradójicamente, en el siglo XXI los suboficiales experimentan en sus carnes la inmovilidad y el retroceso social, bajas retribuciones y ningún reconocimiento a su formación, a su experiencia y a su desempeño profesional. Sin embargo, cuando uno entra en los cuarteles resulta que tras la mayoría de las guardias de oficial se encuentra un suboficial, es decir, sirven para el trabajo pero no para que se les reconozca absolutamente nada. Para estos profesionales parece que el tiempo haya ido para atrás, a los tiempos anteriores al siglo XIX, que hayan vuelto al siglo XVIII, al Antiguo Régimen con su estratificación social casi impermeable.

Los militares ajustan su comportamiento a las Reales Ordenanzas (RD 96/2009, de 6 de febrero) y en la actualidad los suboficiales se preguntan cómo se puede velar por el prestigio de las Fuerzas Armadas (art. 22)1 cuando toda una categoría militar recibe como pago una capital falta de reconocimiento a su formación y a su profesionalidad ¿acaso no hay mayor desprestigio?

Se preguntan cómo se puede propiciar que la justicia impere en las Fuerzas Armadas de manera que nadie tenga que esperar del favor ni temer de la arbitrariedad (art. 18)2 cuando la realidad del suboficial desde hace años es de una enorme inseguridad jurídica, con normas que indefectiblemente perjudican a la escala de suboficiales y cercenan sus expectativas de carrera.

Se preguntan por qué alguien se ha saltado el artículo que impone conocer las aptitudes de los subordinados, atender a sus inquietudes y necesidades, así como velar por sus intereses profesionales y personales (art. 69)3. Estos proyectos demuestran que preocupación por los intereses profesionales del suboficial no ha habido, no que haya habido poca sino que no ha habido ninguna.

Como colofón, es importante también ver la motivación de los subordinados (art. 70)4, ¿alguien puede creer que los suboficiales de las Fuerzas Armadas pueden estar motivados en su ejercicio profesional con las trabas que sufren continuamente? La respuesta la dan esos sargentos más o menos jóvenes que recién incorporados a la escala de suboficiales están preparándose para abandonarla ingresando como números en la Guardia Civil, es decir, descendiendo de categoría profesional.

Algo inimaginable en cualquier otro ámbito laboral. Un aparente contrasentido, pero es que la situación de los Suboficiales de las Fuerzas Armadas es de abandono, de apartheid, de boicot a sus legítimas aspiraciones. Contamos con miles de suboficiales con estudios universitarios, pero parece que molestan y se pretende que el suboficial del futuro sea de nuevo el sargento chusquero de los chistes de la mili. Si no es así se parece mucho.

Lo triste es que a este paso nadie va a querer ser sargento del chusco. Y la defensa nacional tendrá un problema. Realmente ya lo tiene, ¿alguien va a reaccionar?

 


1 Artículo 22. Prestigio de las Fuerzas Armadas.

El militar velará por el prestigio de las Fuerzas Armadas y por el suyo propio en cuanto miembro de ellas. Se esforzará en que con su aportación personal su unidad, de la que se sentirá orgulloso, mantenga los mayores niveles de preparación, eficacia, eficiencia y cohesión, con objeto de que merezca ser designada para las más importantes y arriesgadas misiones.

Artículo 18. Justicia en las Fuerzas Armadas.

Propiciará, con su actuación, que la justicia impere en las Fuerzas Armadas de tal modo que nadie tenga nada que esperar del favor ni temer de la arbitrariedad.

3 Artículo 69. Conocimiento de los subordinados y sus intereses.

Mantendrá con sus subordinados un contacto directo, en especial con sus inmediatos colaboradores, que le permita conocer sus aptitudes, aspiraciones e historial militar, atender sus inquietudes y necesidades, así como velar por sus intereses profesionales y personales. Todo ello le capacitará para asignarles los puestos y tareas más adecuados y calificarlos con justicia.

4 Artículo 70. Motivación de los subordinados.

Utilizará todos los medios a su alcance, principalmente la persuasión y el ejemplo, para motivar a sus subordinados en el ejercicio profesional.

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