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Los militares profesionales se sienten estafados

28/12/2017 -

Tras la celebración del último pleno del Consejo de Personal, en el que se nos informó de la persistente negativa del ministro de Hacienda a desbloquear la modificación del reglamento de retribuciones de las Fuerzas Armadas, paralizado desde hace ya dos años, aumenta todavía más nuestra perplejidad e indignación al conocer el compromiso efectivo del ministro del Interior para comenzar la equiparación salarial de policías y guardias civiles con el visto bueno del mismo ministro de Hacienda que niega desde hace años el pan y la sal a los militares profesionales. Nos sentimos engañados y estafados.

Esta injustificable doble vara de medir, que puede derivar en el riesgo de exclusión social de una buena parte de los miembros de las Fuerzas Armadas, puede dificultar en el muy corto plazo el óptimo ratio de reclutamiento en todas las escalas, como ya sucedió antes de la crisis económica que hemos vivido estos últimos años.

Porque no es de recibo que un soldado o marinero ejerza una profesión que conlleva riesgo y especial dedicación por 800 € al mes. Tampoco se puede entender que un sargento de las Fuerzas Armadas cobre menos incluso que policías y guardias civiles recién egresados, después de haber cursado el primero una exigente formación durante tres años de academia y adquirir una doble titulación. O que un teniente o un capitán graduados, además, en ingeniería, tras un mínimo de cinco años de academia, puedan llegar a percibir en el futuro inmediato un salario inferior al de esos policías nacionales y guardias civiles para los que se pide la justa equiparación con otras fuerzas de seguridad del Estado.

La sociedad española del siglo XXI no puede mirar para otro lado mientras permite que existan unas Fuerzas Armadas “low cost”, marginadas y discriminadas con respecto a otros colectivos similares y cuyo esfuerzo, entrega y sacrificio personal y familiar se sustente en una buena parte, no en unas justas retribuciones y en un modelo de carrera estable y con plena seguridad jurídica, sino en el espíritu militar y la satisfacción del deber cumplido. Con esto ni comen nuestras familias ni podemos afrontar los muchos gastos que genera la singularidad de la profesión militar, como, por ejemplo, la persistente movilidad geográfica. Y todo ello sin olvidarnos de la penosidad o la peligrosidad de muchos de nuestros cometidos o la disponibilidad permanente para el servicio.

El prometido estudio de la ministra de Defensa sobre las retribuciones no puede quedar en un brindis al sol ni en una nueva mentira, como ya ocurrió con el proyecto de modificación del reglamento de retribuciones del anterior ministro Morenés en el año 2015, que eliminaba la pérdida de retribuciones que se produce por el mero hecho de cumplir 63 años. La Guardia Civil y Policía hace años que solucionaron esta injusticia, nosotros seguimos con la negativa del ministro Montoro.

Por otro lado, la estima y consideración que el señor presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, trasladó a los militares en el exterior en la pasada Nochebuena tiene inexcusablemente que plasmarse en hechos concretos que dignifiquen y retribuyan justamente la profesión militar.