La mujer en las Fuerzas Armadas

07/10/2013 - abc.es -

CORRÍA el mes de septiembre de 1988 en la Academia General Básica de Suboficiales (AGBS) y aquel comienzo de curso traía una novedad importante: nueve mujeres vestidas de uniforme iniciaban el plan de estudios correspondiente a su formación como Asistentes Técnicos Sanitarios (ATS) (hoy denominado diplomatura en Enfermería). Entonces, la AGBS, además de formar a los suboficiales del Ejército, desarrollaba la formación básica militar de los ATS del Cuerpo de Sanidad Militar que duraba 4 meses. Los ojos y las mentes masculinas de los militares tuvieron que ir acostumbrándose a la presencia femenina, no sin anécdotas y algunas actitudes forzadas, que ellas llevaban con más naturalidad que sus mandos y compañeros de curso. También las poblaciones del Pallars empezaban a ver con cierta curiosidad o exotismo mujeres con faldas de color caqui.

Aquel año marcó un hito en las Fuerzas Armadas pues representó la lenta pero continua incorporación de la mujer a las Fuerzas Armadas (FAS). Con la reticencia y prudencia que toda novedad comporta en una profesión eminentemente masculina, la presencia militar femenina fue ganando espacios laborales dentro de las FAS hasta llegar a la igualdad total con el hombre en la actualidad. Las FAS españolas comenzaron imitando a otros ejércitos con mayor experiencia en la presencia de la mujer en sus filas. Así, se limitaba a la mujer el destino en determinadas unidades (La legión, paracaidistas, submarinos…) que por las condiciones de exigencia física o de habitabilidad, se consideraba que su presencia era más bien un problema. Hubo que esperar once años, coincidiendo con la progresiva profesionalización de los soldados y marineros, para que se produjera la total igualdad, eliminando las limitaciones de la mujer en determinados destinos.

De esta forma España y sus FAS tienen una reglamentación de lo más avanzada entre los ejércitos de nuestro entorno en lo que se refiere a la igualdad de oportunidades para ambos géneros. Hoy hay mujeres en todas las unidades de élite demostrando que la aptitud y la competencia no entienden de sexo. Si el paradigma de ejército occidental es el de EEUU, la situación de la mujer en su ejército no es precisamente envidiable, sobre todo en zonas de conflicto. Relata la periodista Mónica Bernabé en su libro «Afganistán» (Ed. Debate 2012), muy sensible y comprometida con la situación de la mujer afgana, que las soldados americanas sufren a menudo agresiones sexuales, lo que las obliga a ir armadas dentro de las bases o campamentos americanos para poder defenderse de sus propios compañeros. Este asunto es un problema recurrente para el Pentágono (asimilado a nuestro Ministerio de Defensa) que cuenta con programas internos de prevención para este tipo de agresiones. En el ejército estadounidense la mujer representa el 14,6% de los efectivos. Afortunadamente no es el caso de las FAS españolas. La mujer militar representa el 12,3% de los efectivos y su distribución entre los diferentes ejércitos es muy similar, pero el porcentaje alcanza el 20% en los Cuerpos Comunes, sobre todo entre el personal sanitario y jurídico.

También es dispar la distribución entre categorías o empleos militares. En la categoría de tropa y marinería la mujer representa casi el 17%, mientras que es poco significativa su presencia entre los suboficiales con un 3,2% y muy discreta entre los oficiales con un 7,3%. La tendencia de los últimos años es a estabilizarse, según el Observatorio Militar para la Igualdad.

Este Observatorio, a raíz de lo que señalaba antes, no recoge un área de trabajo específica sobre la violencia de género. Aunque se dan casos muy puntuales de violencia de este tipo, este órgano del Ministerio de Defensa se centra hoy, más en aspectos que afectan a la igualdad de oportunidades entre mujeres y hombres militares. Asuntos como la conciliación familiar, en una profesión donde la movilidad y la disponibilidad del personal es una premisa, han llevado a crear, a fecha de hoy y en colaboración con las Comunidades Autónomas, 25 centros de educación infantil, que dan servicio a más de 1.300 niños en determinadas bases y acuartelamientos militares, aspecto impensable para aquellas pioneras de hace 25 años.

Esta sensibilidad es una de las consecuencias de la «feminización» de los ejércitos. La incorporación de la mujer ha traído savia nueva en los recursos humanos de las FAS, pero también ha dado una imagen de apertura y de modernidad acorde con los tiempos. Hoy las FAS están más enriquecidas y la presencia de la mujer se ha convertido en algo normal.

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