Los ojos que lo ven todo

Los militares de la 12 compañía de la Brigada Paracaidista se despiertan tras haber dormido al raso y en el suelo en el campamento militar de Dar-e-bum, o lo que queda de él, después de que las tropas españolas se retiraran de allí el pasado marzo. Se lavan la cara como los gatos, con un botellín de agua o toallitas húmedas de bebé, y empiezan a preparar los vehículos blindados. Son las cinco de la mañana y apenas se ve.

Las jornadas militares empiezan muy temprano en la provincia de Badghis, en el noroeste de Afganistán. Más tarde el sol calentará demasiado y el calor será sofocante, y además es el mes del ayuno del Ramadán. A las doce del mediodía la mayoría de los afganos ya están exhaustos de no comer ni beber durante la jornada, a pesar de las altas temperaturas.

El sargento primero Fabián Bermejo es quien siempre inicia las patrullas, y sin dar un paso. Es el responsable de uno de los equipos Raven en Badghis, un avioncillo que a simple vista parece de juguete pero que son los ojos que lo ven todo para los militares españoles. El avión lleva incorporadas unas cámaras que le permiten captar desde el aire lo que ocurre sobre el terreno, sin necesidad de pisarlo.

Otros países con tropas desplegadas en Afganistán, como Estados Unidos y Canadá, utilizan pequeños globos aerostáticos también con cámaras, que lanzan al aire y tienen allí casi permanentemente, inspeccionando el terreno. A falta de eso, los españoles utilizan los Raven, que hacen volar cada vez que los militares salen de la base.

"Hoy ha sido matador. He estado desde las seis de la mañana hasta las doce del mediodía, sin moverme del mismo sitio", afirma el sargento primero Bermejo, que está negro como el tizón, y no precisamente de ir a la playa. Para lanzar el Raven y guiarlo, debe situarse en un lugar elevado y despejado para evitar que cualquier interferencia dificulte su seguimiento con una antena. El avión se mantiene en el aire mientras los militares están fuera de la base. "En una ocasión se nos cayó al suelo, unos afganos lo recogieron y hubo que pagarles para que nos lo devolvieran", explica.

Aún así el Raven no es suficiente. Un equipo de zapadores va siempre por delante de las patrullas rastreando los caminos para detectar posibles artefactos explosivos, y todos los vehículos blindados españoles llevan inhibidores para evitar que la insurgencia pueda activar una mina por control remoto.

Las fuerzas de seguridad afganas no tienen ni Raven, ni inhibidores, y sus zapadores aún se están instruyendo. ¿Cómo mantendrán el pulso a los talibán cuando las tropas internacionales se vayan?

Fuente: ElMundo.es

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